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La natividad de María: símbolo de amor y devoción

Queridos hermanos, este 8 de septiembre nos unimos para celebrar a María, Santa Madre de Dios, que ha iluminado los corazones de millones de devotos alrededor del mundo.  

Recordamos la vida de nuestra Santa Madre

 En el centro de nuestra fe, ocupa un lugar especial que nos une a todos como comunidad. Su vida, una narración de devoción y fe, nos guía con un ejemplo conmovedor.

Nacida en Nazaret, en el seno de una familia sencilla, fue el regalo anhelado por sus padres, Ana y Joaquín. 

Desde sus primeros días, demostró estar conectada con lo divino. Su virtud, amor por Dios y servicio a los demás, marcaron cada paso de su camino, siendo una fuente de inspiración para todos nosotros. En medio de un contexto cultural y religioso complejo, mantuvo su fe inquebrantable. 

La recordamos con admiración en el momento en que el arcángel Gabriel le llevó la noticia de que sería la Madre de El Salvador, «concebirás en tu seno y darás a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús»

Su respuesta, llena de confianza, sigue resonando en nuestros corazones: 

«Hágase en mí según tu palabra» (Lucas 1:38).

Este acto es una demostración de fe y disposición, para seguir la voluntad de Dios sin importar las dificultades. A lo largo de sus años en Nazaret, enfrentó tanto momentos de profunda angustia como de inmensa alegría, representando la humanidad en su plenitud.  

Acompañó a Jesús a lo largo de su vida terrenal, María estuvo a su lado desde su nacimiento hasta su crucifixión. 

Su presencia en momentos cruciales, como las bodas de Caná, donde intercedió ante su Hijo para realizar su primer milagro, la convierte en un símbolo del amor maternal y la compasión que todos compartimos.  

Rememoremos juntos algunas verdades que la Iglesia Católica ha definido a lo largo de su historia.  

Dogmas Marianos, verdades esenciales  

La Maternidad Divina: es verdadera Madre de Dios, ya que dio a luz a Jesús, quien es tanto humano como divino. El Concilio de Éfeso, en el año 431, oficializó esta verdad que nos habla del misterio de Cristo y nos une en nuestra fe. 

La Inmaculada Concepción: concebida sin pecado original. Fue el Papa Pío IX quien proclamó esto en 1854. Significa que desde el momento de su concepción, fue preservada de la mancha del pecado original, un recordatorio de nuestra esperanza en la pureza espiritual. 

La Perpetua Virginidad: permaneció virgen antes, durante y después del parto. Jesús fue concebido por obra del Espíritu Santo y nació de María sin que ella tuviera relaciones conyugales. Esta virginidad simboliza la dedicación plena y total a Dios.  

La Asunción de María: al final de su vida terrenal, fue llevada al cielo en cuerpo y alma, sin conocer la corrupción de la tumba. Esto fue proclamado por el Papa Pío XII en 1950, en la Constitución Apostólica «Munificentissimus Deus». Un recordatorio de la promesa de vida eterna que todos compartimos en la fe.  

El nacimiento de la Virgen: un día de alegría 

El 8 de septiembre, celebramos la natividad de la Virgen María. 

Esta fecha especial tiene sus raíces en Oriente, donde ha sido celebrada desde el siglo VI. En Occidente, adoptamos esta celebración alrededor del siglo VII, con una procesión que solía culminar en la Basílica de Santa María la Mayor, en Roma. 

El Papa Sergio I (687-701 d.C.) oficializó esta festividad, estableciendo que honráramos a Nuestra Madre con cuatro fiestas: la anunciación, la asunción, la natividad y la purificación.

Compartimos con ustedes la profunda emoción que sentimos al reflexionar sobre la importancia de María en nuestras vidas. Su nacimiento es una luz que ilumina nuestro transitar, recordándonos la importancia de la compasión, el amor y la alegría.

Que su ejemplo perdure como una guía de esperanza y fe, acompañándonos en cada paso que damos.